Monday, September 21, 2009

yo pensé que no existia.

Esta mañana al enfilarme al TAGA, a una cuadra de llegar justo en la esquina de Macedenio Alcalá y Allende, lo vi doblar la esquina, paso lento, postura extraña, andar curioso -como perdido- con un bonche de libros bajo el brazo.
Me causo gracia pensar que esos libros provenian seguramente del IAGO, que antes fue su casa y cuya biblioteca él mismo donó y renueva con regularidad. ¿tendrá credencial de la biblioteca? ¿cómo es el protocolo para con el bibliotecario en turno? ¿le dirá: Tome lo que guste Maaaestro -con eso tono con el que acá se le reverencía y se le nombra?- al fin y al cabo usted acaba de donarlos.
Lo cierto es que ya quisieramos que muchos de nuestros artístasvacasagradascreadoreméritosgloriasdelaplásticanacional tuvieran un ápice de desprendimiento como con el que Francisco Toledo honra y da de regreso a su pueblo.

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